sábado, 7 de junio de 2008

MAX LINDER (1883-1925)




DOS CUERPOS SOBRE LA ALFOMBRA

Por Jesús Iglesias Lerroux

El 30 de octubre de 1925, Gabriel Maximiliano Lavielle, de 42 años, conocido artísticamente como Max Linder, ató de pies y manos a su esposa, la amordazó y le abrió las venas de ambas muñecas. Tras convencerse de que había muerto, se suicidó usando el mismo procedimiento.

Considerado en una época como el mejor comediante del mundo, un auténtico gentleman al que repetidamente había sonreído la fama y la fortuna, fue incapaz de deteriorar su figura —mucho menos su rostro— disparándose un balazo.

Cuando irrumpió la policía en el cuarto de hotel donde se hospedaba la pareja,  en Baltimore, encontró al actor impecablemente vestido... con una sonrisa en los labios. A su lado, en un impresionante charco de sangre que empapaba la verde alfombra, yacía su esposa.

El reporte forense especificó que Max Linder estaba poco menos que embotado cuando tomó la fatal determinación. Hacía meses que Linder consumía en exceso alcohol y estupefacientes.

Nacido en Saint Luis Gironde, Francia, en el seno de una familia acomodada, Linder abandonó la carrera de arquitectura por la música y el arte dramático. Tras obtener el primer lugar entre los alumnos del Conservatorio de Burdeos, incursionó en el cine como comediante y desbancó de inmediato al mejor cómico de aquellos tiempos, el gran Andree Deed, “Boireau”.

Su primera película fue “La fuga de un colegial”, dirigido por Lucien Nanguet, en 1905. Tras conquistar París e inmortalizar a “Rigadin”, personaje conocido en español como Salustiano, firmó un contrato con Pathe y recorrió Europa entre éxitos y aclamaciones. En España causó sensación con “Max toreador”, rodada en 1913.

En 1914, durante la primera guerra mundial, Max Linder resultó gaseado y estuvo dos meses entre la vida y la muerte. En 1916 se embarcó hacia los Estados Unidos y triunfó en Hollywood con cintas tales como “Max en América”, “Max en un taxi” y “Max se divorcia”.

El estilo de Linder influyó determinantemente en Charles Chaplin, primero, y en Mack Sennett, después.

Fue en 1922 cuando comenzaron las desavenencias conyugales, que se agudizaron por la afición de Linder a las drogas. En 1924 seguía siendo un caballero atildado, siempre mundano y ágil conversador, pero interiormente se estaba desmoronando.

Un mes antes de morir acusó públicamente a su esposa de infidelidad y el escándalo cimbró Hollywood.

En total fueron 200 las películas que filmó Max, incluyendo una antológica —“La vida íntima de un monóculo”, de René Clair—, y su último filme, inconcluso por cierto, “La evasión de los Barkas”.

Años después de su muerte fue revalorizado en el cine en una película producida por su hija Maud.

En la actualidad sus cintas son de cine club y están consideradas, junto con las de Chaplin, auténticas joyas cinematográficas.

1 comentario:

Salvador dijo...

Salustiniano y Max Linder fueron dos actores diferentes.